El Occidente colectivo, incluida la ONU, entienden que dar la ubicación en tiempo real de las personas –coordenadas de asesinato– poniendo en riesgo sus vidas, es un acto de libertad de expresión. Por eso han condenado abiertamente, incluso amenazado con sanciones, al propietario de Twitter, Elon Musk, víctima de este acto delictivo encubierto.