En su visita a Moscú, el presidente de Argentina, Alberto Fernández, realizó unas manifestaciones que repercutió en Occidente, pero en EEUU en particular, como una bomba de racimo. Luego, su vista a Pekín, con su adhesión a la Nueva Ruta de la Seda y posteriores declaraciones de autoridades chinas, terminaron por reventar más ampollas.