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La primera lectura nos presenta uno de los momentos más poderosos del tiempo pascual. Pedro, lleno del Espíritu Santo, se pone de pie y proclama con valentía: “Sepa todo Israel con absoluta certeza que Dios ha constituido Señor y Mesías al mismo Jesús a quien ustedes crucificaron.” Hay un detalle muy importante en el texto: después de escuchar la predicación de Pedro, la multitud experimenta una profunda conmoción interior. El texto dice: “Estas palabras les llegaron al corazón.” La Palabra de Dios no se queda en la superficie; penetra el corazón y provoca una pregunta decisiva: “¿Qué tenemos que hacer?”
Esa pregunta sigue resonando en toda vida cristiana auténtica. Surge cuando el Evangelio deja de ser una idea abstracta y comienza a tocar concretamente la existencia. ¿Qué debemos hacer cuando Cristo irrumpe verdaderamente en nuestra vida? ¿Cómo responder cuando su gracia nos confronta? La respuesta de Pedro es clara: “Arrepiéntanse y bautícense… y recibirán el Espíritu Santo.” Antes de hablar de acciones concretas, Pedro invita a una transformación más profunda: una conversión del corazón y una apertura a la vida nueva del Espíritu. La tradición cristiana ha expresado esta lógica con una intuición muy profunda: agere sequitur esse —el obrar sigue al ser. Antes de cambiar lo que hacemos, Dios transforma quiénes somos...
By Padre Luis M Flores AlvaLa primera lectura nos presenta uno de los momentos más poderosos del tiempo pascual. Pedro, lleno del Espíritu Santo, se pone de pie y proclama con valentía: “Sepa todo Israel con absoluta certeza que Dios ha constituido Señor y Mesías al mismo Jesús a quien ustedes crucificaron.” Hay un detalle muy importante en el texto: después de escuchar la predicación de Pedro, la multitud experimenta una profunda conmoción interior. El texto dice: “Estas palabras les llegaron al corazón.” La Palabra de Dios no se queda en la superficie; penetra el corazón y provoca una pregunta decisiva: “¿Qué tenemos que hacer?”
Esa pregunta sigue resonando en toda vida cristiana auténtica. Surge cuando el Evangelio deja de ser una idea abstracta y comienza a tocar concretamente la existencia. ¿Qué debemos hacer cuando Cristo irrumpe verdaderamente en nuestra vida? ¿Cómo responder cuando su gracia nos confronta? La respuesta de Pedro es clara: “Arrepiéntanse y bautícense… y recibirán el Espíritu Santo.” Antes de hablar de acciones concretas, Pedro invita a una transformación más profunda: una conversión del corazón y una apertura a la vida nueva del Espíritu. La tradición cristiana ha expresado esta lógica con una intuición muy profunda: agere sequitur esse —el obrar sigue al ser. Antes de cambiar lo que hacemos, Dios transforma quiénes somos...