La niña que odia la sopa nació de un hombre que aprendió a gritar en silencio. Joaquín Salvador Lavado trazó la radiografía de un continente atrapado entre verdugos, burocracia y promesas que nunca llegan. En sus viñetas, la lógica infantil y la derrota cotidiana se encuentran para demostrar que la ternura es la única respuesta posible cuando la lucidez ya no alcanza para explicar lo roto.