La emergencia climática está demostrando que el decrecimiento es el único camino. Pero las cumbres del clima siguen ignorando las reclamaciones feministas que piden cumplir las necesidades de las mujeres como estrategia de solución a los problemas climáticos y sus efectos.
Revista Ecologista nº 123.
Que vivimos inmersos en la emergencia climática es ya una evidencia. Los negacionistas y los retardistas han sido enterrados bajo las toneladas de dolor y lodo de la dana de octubre pasado en Valencia. La World Weather Attribution señala que en 2024 el cambio climático contribuyó al menos a 219 desastres meteorológicos extremos que causaron la muerte de miles de personas y el desplazamiento de varios millones en todo el mundo, también en los países del norte, porque los desastres climáticos no afectan sólo a los habitantes del sur del planeta, ni solo a los pobres.
También está demostrado científicamente que la emergencia climática es resultado, fundamentalmente, de las emisiones de CO2 provocadas por la acción humana en los últimos 150 años. Pero no todos los habitantes del planeta generan el mismo nivel de contaminación, sino que su huella de carbono es consecuencia directa de su estilo y nivel de vida, es decir de su riqueza y consumo. Como señala el economista Lucas Chacel (Desigualdades insostenibles, 2022), la huella de carbono del 1% más rico es ocho veces superior a la del 50% más pobre en el mundo. Las desigualdades ambientales correlacionan con las desigualdades económicas, y hoy han alcanzado un nivel tan extremo que son disfuncionales. En este mismo sentido, Oxfam Intermon describe y alerta cada año sobre la creciente desigualdad en el reparto de la riqueza y de su responsabilidad en la contaminación y degradación del planeta común:
«Las 50 personas más ricas del mundo generan de media más CO2 en una hora y media -a través de sus inversiones, aviones privados y yates de lujo- que una persona media en toda su vida» (La desigualtat de les emissions de carboni mata, 2024).
Solo hay un camino: decrecer para sobrevivir
En junio de 2022, el decrecimiento se había presentado de manera oficial en el Foro Económico Mundial de Davos. Se anunció oficialmente que el decrecimiento se había convertido a partir de los años 2000 en un modelo de cambio que «gana crédito a medida que crece el temor al cambio climático». El informe Davos 2023 (Global Risk Report 2023) avanza un paso más y admite que «solo un futuro de colaboración y decrecimiento justo nos permitirá sobrevivir a la suma de las policrisis del capitalismo».
Por su parte, en las sucesivas Conferencias del Clima de la ONU (29 COPs), los dirigentes mundiales y los directivos de las grandes corporaciones siguen redactando documentos con acuerdos no vinculantes que no cumplen. Y en paralelo a estas escenificaciones vacías, el Secretario General de la ONU hace invocaciones al cambio de dirección de un sistema que nos está abocando al precipicio, para así evitar el suicidio colectivo. Es evidente que los poderosos del planeta en realidad quieren mantener el actual estado de cosas y, sin embargo, la ciudadanía es cada vez más consciente del caos climático que vivimos, y sufre sus peores efectos con desesperación y ecoansiedad, con rabia e impotencia. Unos paralizados por el miedo a un futuro incierto y amenazante que no pueden modificar, otros decididos a disfrutar de la fiesta mientras dure.
Agotamiento de materiales y minerales críticos
Ante la urgente necesidad de minerales clave para realizar la transición energética, se plantea una situación crítica en materia de derechos sociales y ambientales en los territorios de extracción, según un informe del Observatori del Deute en la Globalització1. Numerosos proyectos mineros están llevándose a cabo a costa de sacrificar la biodiversidad y los recursos naturales de los territorios, los derechos humanos y la dignidad de las personas. Como indica otro informe del Business & Human Rights Resource Centre2, en esta industria se producen abusos de los derechos laborales, además de ataques a los defensores de los derechos ecosociales. Todo esto además tiene un impacto diferenciado de género, ya que las mujeres se ven expuestas a violencias sexuales y a su exclusión de la vida política, de sus propias comunidades e incluso al exilio por riesgo de ser asesinadas, como cientos de ellas cada año, sobre manera en Latinoamérica. Planteada en esos términos, la transición no será justa, sino una perpetuación del régimen extractivista, colonialista y capitalista. No será «verde» porque está teñida de rojo.
En la última COP29 celebrada en noviembre 2024 en Azerbaiyán, han continuado ignorando las reclamaciones feministas que exigen atender diferenciadamente según género tanto las necesidades de las mujeres como las estrategias de solución a los problemas climáticos y sus efectos. Todas las encuestas evidencian que la mayoría ciudadana, y en mayor proporción las mujeres, son anuentes a modificar comportamientos y estilos de vida derrochadores, individualistas y ecocidas insostenibles. Pero, ¿cómo hacerlo desde las vidas precarias que tantas personas arrastran en los barrios y las periferias de las ciudades del Sur y del Norte?, ¿cómo remar a contracorriente de las inercias hiperconsumistas que el sistema económico despliega para nuestra comodidad, distracción y satisfacción?, ¿cómo renunciar a esos trabajos que son innecesarios y destruyen nuestro futuro y el del planeta, pero sirven para pagar las facturas mensuales?, ¿como enfrentarse desde las comunidades y pueblos del Sur global a las multinacionales saqueadoras de sus riquezas naturales que sustentan sus vidas?, ¿cómo, en definitiva, dejar de fortalecer este sistema que nos lleva al colapso?
Enfrentar al monstruo unidas
En los peores momentos, ante crisis tan dramáticas como la pandemia COVID-19 o la dana de octubre 2024 en Valencia, aparecen mujeres sororas y redes de solidaridad que sostienen las vidas individuales y remiendan la colectiva. La creación de comedores sociales vecinales durante el confinamiento por el COVID-19, o el desplazamiento de personas voluntarias para ayudar en las tareas de limpieza en las zonas afectadas por la dana de Valencia, son iniciativas más que necesarias que han facilitado la vida a miles personas. Estas experiencias deben servirnos para reforzar las redes, el tejido social y, en definitiva, el apoyo mutuo y la colectividad. Pero la clave está en cómo prolongarlas a lo largo del tiempo. Rebeca Solnit nos mostró, a través de las experiencias que recoge en el libro «Un paraíso en el infierno: Las extraordinarias comunidades que surgen en el desastre», cómo las iniciativas de autogestión y apoyo mutuo brotan en situaciones de emergencia. Estas historias, inspiradoras para trazar alternativas a las distopías convencionales3, nos llevan a preguntarnos qué podemos hacer para mantener estas iniciativas en el largo plazo. El verdadero desafío reside en sostener las colectividades y los cuidados en el tiempo, para que no queden en experiencias anecdóticas, sino que sean semillas de un nuevo sistema donde quepamos todas.
Ante esta situación, las personas de Ecologistas en Acción coincidimos con ecofeministas de diferentes ámbitos — desde los activismos hasta la investigación académica— en que el decrecimiento es el único camino. Por un lado, es imprescindible desacelerar el consumo, la jornada laboral, y, en definitiva, el crecimiento económico. Pero, por otro, esto no puede hacerse sin acelerar la puesta en el centro de los cuidados si el objetivo es sostener la vida.Buscamos nuevos principios orientadores que nos guíen por el camino decrecentista hacia un futuro mejor para todas, justo, verde y ecofeminista.Como inspiración recomendamos explorar el mapa Trenzando Cuidados: Se busca:proyectos y experiencias ecofeministas4que visibiliza un amplio abanico de experiencias reales, de utopías aterrizadas que ya están en marcha y demuestran que es posible.
Observatori del Deute en la Globalització, Environmental Justice Atlas, Institute for Policy Studies, & CRAAD-OI. (2023). Mapping the Impacts and Conflicts of Rare-Earth Elements. Challenges for the Green and Digital Transition. ODG, Environmental Justice Atlas, the Institute for Policy Studies and CRAAD-OI. Disponible en:Business & Human Rights Resource Centre. (2024). Transition Minerals Tracker: 2024 Analysis.Comisión de Ecofeminismo de Madrid (2023), “Imagina que mañana… El valor de las ecotopías”, Ecologista, nº117.¿Qué significa la declaración de los sistemas históricos y tradicionales de riego como Patrimonio Cultural Inmaterial?
A dos años del inicio de la ofensiva de Azerbaiyán en Nagorno-Karabaj. ¿Donde están las 120.000 personas que tuvieron que huir?