destrucción de nuestra Madre Tierra y del exterminio de cientos de pueblos.
María Eugenia García Nemocon.
El pasado 21 de marzo recalé en Granada, territorio sur de este norte, ciudad mágica que evoca épocas de la historia, cultura y arquitectura. Allí confluí con Josefa Sánchez Contreras, investigadora mexicana, ensayista y activista ambiental que acaba de publicar «Despojos racistas. Hacia un ecologismo anticolonial» (editorial Icaria). La impresión inicial fue la de alguien que trae pegada en su piel las raíces de los pueblos originarios.
Josefa escribe desde su espacio vital que es el pueblo Angpøn (comunidad zoque) de Chimalapas, Chiapas, México, aunque ha tomado caminos fuera de su comunidad. Es Licenciada en Sociología por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y sigue en contacto permanente con su ancestralidad. Ha sido comisionada agraria, implicada en procesos de defensa del territorio y junto con otras comunidades lograron frenar a una minera canadiense en la imposición de parques eólicos.
Ella ha vivido como indígena el despojo del territorio, un despojo corporativo y racista. Se ha adentrado en la necesidad de la implicación de la colonialidad histórica y en la situación actual de crisis climática Con este último libro continúa el ensayo que publicó en 2023: Colonialismo energético: territorios de sacrificio para la transición energética en España, México, Noruega y el Sahara Occidental.
¿Qué significa para ti pertenecer al pueblo zoque?
Significa pertenecer a un pueblo que no olvida su larga historia, su memoria y sus raíces y que una y otra vez nos vuelven contemporáneos de cualquier época. Significa enunciarse desde un pueblo que ha atravesado y sigue atravesando procesos de colonización.
¿Cómo ha influido tu pertenencia a una comunidad indígena para escribir este libro Despojos racistas. Hacia un ecologismo anticolonial?
Es mi punto de partida, es desde donde leo el mundo, desde donde escribo. En gran medida mis investigaciones comienzan desde la necesidad de dar respuesta y explicación a muchos de los problemas que atravesamos los pueblos indígenas contemporáneos.
¿Qué mensaje quieres trasladar en «Despojos racistas»?
La necesidad de situar el racismo en el primer plano de los debates sobre la justicia climática y la crisis energética. El racismo es la columna vertebral del colonialismo. La necesidad de desmantelar los discursos racistas que siguen teniendo la función de justificar la violencia ejercida sobre los cuerpos, tipificados como prietos, negros, morenos y demás. La necesidad de impugnar ese racismo que sigue tipificando a los cuerpos que importan y los cuerpos que no importan, que sigue violentando nuestros territorios.
Dices que el colonialismo pervive. ¿Cómo ves esto en la actualidad y su relación con la huella antropogénica?
Lo describo en el primer capítulo del libro. Existe una relación histórica que ha sostenido la conquista, la colonización y la alteración del clima. La debacle demográfica provocada en los siglos XV, XVI impactó en el clima y estuvo profundamente relacionada con los genocidios. Entonces la huella antropogénica hunde sus antecedentes en aquellos siglos y es profundamente colonial, por eso, ese primer apartado se llama: El racismo una catástrofe en la historia. La primera revolución industrial se erigió sobre el despojo y el racismo biologicista.
¿Podrías identificar cómo es la confluencia entre racismo, capitalismo y patriarcado y su evolución en el Sur global?
En el libro constantemente aludo a esa intersección. Me sumo al postulado de que el racismo, el capitalismo y el patriarcado se inauguran en los mismos siglos, XV, XVI…, cuando se inició la conquista y la colonización. Sugiero que la catástrofe ambiental de nuestro siglo es resultado de esos largos siglos de colonización fincado en la destrucción de nuestra Madre Tierra y del exterminio de cientos de pueblos.
Esta maquinaria de muerte no ha terminado. Actualmente, el colonialismo se expresa en los sures del mundo como extractivismo, como violencia cobijada por la impunidad, se pone de manifiesto en los asesinatos de defensores y defensoras ambientales. Porque los cuerpos y territorios del sur somos constantemente despojados de humanidad. Ese atributo de humanidad conferido a una blanquitud privilegiada es el que hoy día está devastando el planeta. Esa blanquitud no se debe leer solo como la ausencia de melanina, sino como una relación de dominación que ha edificado un modo de vida basado en sistemáticos genocidios y exterminios.
La acumulación originaria de capital fue posible por el colonialismo histórico. ¿Cuál es la correlación con el despojo racista?
Lo que argumento en el libro es que la crisis del régimen fósil está agudizando las relaciones coloniales y los despojos racistas. Son, específicamente las transiciones verdes promovidas por los Estados y las corporaciones las que siguen la misma lógica que la matriz fósil; son centralizadas, desiguales y se erigen sobre despojos territoriales.
Hay un concepto que se utiliza en Latinoamérica que es colonialidad de la naturaleza.
Con la colonización se ha construido un concepto de la naturaleza escindido de toda sociedad. Una lógica mecanicista ha prevalecido desde entonces, desde las sociedades industriales, que a través del racismo han argumentado el saqueo y destrucción de la Tierra y de los pueblos indígenas.
“El colonialismo se expresa en los sures del mundo como extractivismo, como violencia cobijada por la impunidad. Y se pone de manifiesto en los asesinatos de defensores y defensoras ambientales”
Parte de la construcción colonial del concepto de naturaleza ha representado a los pueblos indígenas como los buenos salvajes, no en vano en los manuscritos coloniales se nombra a los pueblos como “naturales”. Existe una feminización de la naturaleza y también una feminización de los pueblos indígenas. Todo ello para justificar la explotación de la Tierra y de los cuerpos, para justificar el tutelaje de los pueblos como el de las mujeres. Los despojos racistas se ejecutan impunemente porque durante largo tiempo se ha forjado una noción colonial de la naturaleza.
¿Qué papel están jugando los pueblos originarios y sus cosmovisiones?
Debemos tener cuidado para no representar a los pueblos indígenas como si fuéramos los nativos ecológicos y buenos salvajes, que vivimos en armonía con la naturaleza. Mi respuesta es que cuando la tierra arde y cuando la emergencia climática incrementa la existencia de los pueblos indígenas se revela como experiencia viva de comunidades que han atravesado largos procesos de catástrofes, colapsos y fines del mundo.
¿Cómo se explica la relación entre racismo ambiental y colonialismo energético?
Lo podemos ver muy claramente en el despliegue de megaproyectos eólicos y fotovoltaicos a gran escala sobre los territorios de pueblos indígenas, son territorios para sacrificar una vez más, pero en esta ocasión en nombre de mitigar el calentamiento global. Esto ocurre en el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, México, donde se han desplegado más de 1.500 turbinas de viento sobre territorios de los pueblos zapotecas al mismo tiempo que se promueven concesiones mineras para la extracción de cobre y oro en el territorio zoque de Chimalapas al cual pertenezco. Son territorios racializadas y por tanto susceptibles de ser sacrificados. Este es un caso muy concreto de colonialismo energético y de despojo racista.
“El racismo y colonialismo energético lo podemos ver muy claramente en el despliegue de megaproyectos eólicos y fotovoltaicos a gran escala sobre los territorios de pueblos indígenas, son territorios para sacrificar una vez más, pero en esta ocasión en nombre de mitigar el calentamiento global”
¿Las soluciones plantea la UE sobre transición energética y ecológica son incoherentes con promover la extracción del litio, coltán, cobalto y otros minerales, en los mismos territorios que llamas de sacrificio?
Más que incoherentes diría que son injustas y coloniales.
¿La defensa del territorio y de las tierras comunales se puede traducir como ecologismo indígena?
No hace falta que las defensas de los territorios indígenas se enuncien como un ecologismo indígena ya que los pueblos tenemos nuestras propias genealogías, pero sí es necesario que los ecologismos del norte asuman posturas anticoloniales y antirracistas si lo que realmente se quiere es justicia climática.
El ecologismo no es más que otra expresión de la larga lucha por la vida que durante mucho tiempo los pueblos vienen ejerciendo.
Considerar los ríos, las montañas, los árboles, comunicarse con ellos, ritualizar la vida, la siembra, la cosecha y honrar y agradecer a la Madre Tierra, ¿qué implica en términos de armonía con el entorno y resistencia?
Más que armonía diría que es una relación compleja, conflictiva y en constante movimiento. La relación de los pueblos indígenas con los ríos, las montañas y los árboles es una relación histórica, nada bucólica ni idílica. Lo cierto es que las sociedades industriales y modernas coloniales han forjado modos de vida completamente destructivos. Modos de vidas muertos en tanto están escindidos del entorno, de la Tierra. Es suficiente con ir a una ciudad para mirar los ríos muertos, entubados, soterrados, contaminados.
MEGAPROYECTOS EÓLICOS Y FOTOVOLTAICOS EN MÉXICO
«Actualmente en la planicie sur del Istmo de Tehuantepec, México, se concentra el 38% de la capacidad eólica instalada a nivel nacional, esto a través de 29 parques en operación sobre 31.000 hectáreas de bienes comunales y ejidales». El desmantelamiento de las tierras comunales en el Istmo de Tehuantepec constituye una dimensión del colonialismo energético, cuyas consecuencias son significativas, no solo en términos agrarios sino también en términos de devastación de la biodiversidad, se trata de la desarticulación de las formas de habitar de los pueblos indígenas, pues existe una relación histórica entre los pueblos indígenas y las tierras comunales.
Las tierras comunales no son únicamente una figura jurídica conferida por la corona española o por el Estado nación, pues hunden sus raíces en largos procesos históricos, y en nuestros tiempos de catástrofes ambientales se revelan como horizontes de otros mundos posibles”, afirma Josefa Sánchez Contreras.*GeoComunales 2024. Geografía Colaborativa en Defensa de los Bienes Comunes.