Conozco a Alejandro desde hace algunos años. Recuerdo sus primeros años escolares
en la Escuela Primaria Domingo Lence Novo, de San Antonio de los Baños, en la provincia de Artemisa. Con un andar presuroso - característico de los niños pequeños- iba siempre junto a sus padres, quienes intentaban calmar las ansias de llegar hasta su aula. Recuerdo que a pesar de su discapacidad auditiva lograba reproducir trazos y se sumaba a las actividades del resto de su grupo con el mismo entusiasmo. Hoy Alejandro tiene 14 años, de ellos, 8 con implante coclear.
"Como madre, me percaté de que el niño no escuchaba bien. Lo sospechábamos. Después del año contactamos con los médicos del Hospital William Soler y le hicieron unas pruebas de audiología que detectaron la pérdida auditiva. Decidieron colocarle una prótesis, pero en la rehabilitación no hubo buenos resultados, sólo escuchaba los sonidos agudos". Así recuerda Belkis Roche Rodríguez cómo comenzó el camino hacia la posterior operación de su niño, llevada a cabo el 13 de mayo de 2013 en el Hospital Cira García de La Habana, aunque este proceso comenzó en el Hospital Pediátrico Marfán Borrás”.
Durante 5 años la familia de Alejandro esperó este procedimiento médico que le permitiría escuchar. Fueron momentos importantes, de incertidumbre. Meses que se convirtieron en rutinas de rehabilitación por especialistas que, a su vez, debían asumir los miembros de la familia y los docentes.