Dicen que en las madrugadas apacibles, cuando La Habana está en calma algunos bendecidos escuchan el chirriar de la tapa negra de un piano de cola. Aquellos con dones místicos aseguran que Ernestina Lecuona, la eminente compositora cubana, regresa del sitio donde dicen, no se sufre y se dispone a componer.
Esta crónica de la periodista Leticia Guerra le rinde honor este 3 de septiembre, cuando se cumplen 70 años de su ausencia física.