La historia de Cuba desde 1868 es el relato constante de un pueblo que combate por su libertad y soberanía absoluta. Incluso, después de logrado el triunfo revolucionario en 1959 no hemos dejado de batallar, aunque con otras armas, para que se respeten nuestras conquistas a nivel mundial.
Dentro de tanto heroísmo existen páginas memorables que reafirman con nitidez imperecedera el honor de los revolucionarios cubanos y la decisión irrevocable de ser libres o mártires.
La Protesta de Baraguá, protagonizada por Antonio Maceo constituye una muestra de que los principios de lucha no son negociables con el enemigo jamás, por respeto a quienes dejaron su vida en el campo insurrecto y por la pureza de la estrella solitaria.
El 15 de Marzo de 1878, Maceo salvó la dignidad ultrajada en el pacto del Zanjón ante la actitud derrotista y cobarde de un grupo de cubanos que aceptaron continuar bajo el yugo opresor.
143 años después otros cubanos también han intentado vender nuestra libertad, nuestro suelo y por un cheque firmado por manos imperialistas renunciar a la independencia alcanzada con mucha sangre caliente.
Sin embargo, por uno solo que traicione esta isla se multiplicarán continuamente los Maceo y Mariana porque somos y seremos un Eterno Baraguá.
Un pueblo que tiene memoria histórica y solidez ética para no claudicar ante cantos de sirenas que usan cualquier patraña para confundir e intentar anexarnos.
A más de uno y por largo tiempo, la Paz y armonía que se respira en nuestra nación, a pesar de las dificultades propias de un país tercermundista y bloqueada, sacan ronchas y alimentan los más bajos y reprochables sentimientos humanos.
Pero por esta tierra lo daremos todo, hasta la vida si fuese necesario.