El ciudadano corriente espera que quien se proclama inocente pelee por demostrarlo. Espera explicaciones, argumentos, documentos o aclaraciones. Y lo que ha encontrado hasta ahora -mientras nos pide un acto de fe en la reencarnación de Bambi- es una sucesión de silencios, recursos procesales y rechazo a responder por parte de los presuntos implicados.