Las Raíces es el símbolo de una crisis que no ha terminado y de una respuesta institucional que, para muchos profesionales, sigue siendo insuficiente. Vania Oliveros, abogada especializada en migraciones y antigua trabajadora del propio campamento, lo describe con una mezcla de experiencia y decepción: “Las Raíces para mí como profesional del derecho, sí es cierto que fue una solución improvisada por parte del Ministerio y la tristeza que me sigue generando cinco años después es que siga siendo un campamento improvisado cuando pueden hacerse muchísimas mejoras”, afirma. "No solo a nivel material sino también a nivel de derechos humanos”, añade. Cinco años después de su creación, insiste, resulta incomprensible que “sigan las personas como se encuentran en ese campamento de este dispositivo”, concluye.