Escuchar a un líder global hablar en estos tiempos de diálogo y entendimiento, de paz y de integración, es sin duda un bálsamo. Da alivio y satisfacción que una figura como el papa aproveche su altavoz para enmendar la plana a quienes han convertido la polarización y la intolerancia en una forma de hacer política. Bastante rentable, por cierto.