Sabíamos que vivíamos en las sociedades del espectáculo; ahora sabemos que también en las sociedades del miedo. Es la conclusión más contundente que podemos sacar del paso del hantavirus por Canarias. Zarpará el barco, pero no la estela de tensiones institucionales que ha provocado. Tampoco la hipérbole con que se ha gestionado está crisis sanitaria, en la que todo ha resultado desproporcinado, desde el pulso del Gobierno de Canarias hasta el autobombo del Gobierno de España.