La decisión de Europa de endurecer su política migratoria no es algo nuevo, sino la culminación de un proceso largo y casi inevitable, que arranca con la crisis de refugiados de 2015 y se consolida en cada proceso electoral de los países miembros, cuando el odio y el miedo a los otros ganan terreno al principio de solidaridad que inspiró el nacimiento de la Unión. Europa no quiere ya más migrantes.