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Pocas obras explican mejor lo que es la justicia territorial que la reciente interconexión eléctrica entre La Gomera y Tenerife, una obra que ha durado años, y que –después de varios días de pruebas- fue finalmente inaugurada ayer. La Gomera ha vivido en los últimos tiempos lo que significa depender de un sistema eléctrico aislado y obsoleto. Una alarmante sucesión de ceros energéticos -el último a finales de enero- no han sido solo un contratiempo incómodo, sino un recordatorio severo de hasta qué punto la electricidad es hoy sinónimo de normalidad, seguridad y dignidad cotidiana.
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