Estamos en agosto de 1937. Nos encontramos en Ágreda, en la provincia de Soria. El cielo de una España en Guerra Civil suena a bombardeos y aviones en combate aire-aire. El 24 de agosto de 1937 un avión ruso, un katiuska al servicio del
bando republicano, fue abatido por un Brenda Italiano, que luchaba junto al
bando nacional. Sus dos pilotos fallecieron y fueron enterrados en una fosa
común. Allí quedaron olvidados durante años hasta el 2011, cuando se exhumaron,
pero nadie los reclamó. Uno de ellos, el aviador Antonio Soto, a quien su
familia no dejó de buscar. Dice el refranero eso de "nunca es tarde si la dicha
es buena" y ahora 87 años después sus
restos vuelven a casa, a Tenerife. Hablamos con Sara Felipe, sobrina nieta política de Antonio Soto.