La vida nace. No aparece de la nada, no es magia ni resultado de la casualidad. Requiere de antecesores, de padres, incluso en la vida vegetal, o la microcelular, que pongan de sí mismos para que el nuevo organismo o célula surja. Requiere de un largo e intenso proceso de gestación en lo oscuro. Bajo tierra o en el vientre, la vida va lentamente preparándose, por subdivisiones sucesivas, por la ruptura de lo anterior que se abre, se entrega y se une a "lo otro" para que lo nuevo sea.