Dios siempre quiere mostrarnos su amor a través de las personas que son sus instrumentos, de aquellos que saben corresponder a su amor. Pero Dios también “roba” aquello que es suyo: nos muestra algo, pero, como esas flores que crecen en las sierras y que nadie ve, Dios se queda al fin, con su obra sólo para él.