Los apellidos nacen de la necesidad de identificar no solo a la persona, sino también su pertenencia a una familia, lugar, etc. No siempre se consiguen ambas cosas, pues unas veces dan origen a los apellidos las circunstancias o cualidades físicas puramente personales, por ejemplo: Rojo, Blanco, Pardo, Delgado, Calvo, Moreno, Rubio, Valiente, Rico, etc. Otras veces son nombres de lugares: Toledo, Córdoba, Granada, etc. Otras, el origen es patronímico como los apellidos terminados en EZ, un sufijo que se atribuye a influencia ibérica.