La radiografía que dibuja Fran Ferraz, gerente del Hospital General de La Palma, es la de un sistema que ha terminado absorbiendo problemas que van mucho más allá de la medicina. Entre ellos, uno de los más delicados y menos visibles: el abandono y la desprotección de personas mayores, una realidad que impacta directamente en la ocupación hospitalaria y en la gestión de los recursos.
El dato que ofrece es concreto y revelador: diecisiete personas en situación de alta administrativa siguen ocupando camas dentro del hospital. Se trata de pacientes que, desde el punto de vista clínico, ya no necesitan estar ingresados, pero que no pueden ser dados de alta por falta de red familiar o social. El hospital, en esos casos, deja de ser únicamente un espacio sanitario para convertirse en un recurso asistencial de última instancia.