Tener población universitaria en una isla no es un detalle menor, sino una ventaja estructural. La presencia de estudiantes introduce energía joven, ideas nuevas y una mentalidad más abierta e innovadora. Además, dinamiza la vida cultural y social, favoreciendo también la creación de redes, proyectos y emprendimientos que de otra manera no serían posibles. Más de 150.000 personas salieron a la calle en Santa Cruz de Tenerife en noviembre de 1988 en contra de la creación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria que reclamaron lo grancanarios masivamente en las calles. Treinta y seis años después de aquella movilización, Canarias sigue reservando este privilegio únicamente a las islas capitalinas: Gran Canaria y Tenerife, a excepción de algún grado muy demandado que puede estudiarse parcialmente fuera de allí.