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Canarias solo ha logrado ser líder nacional en un indicador: el turismo. Durante décadas, se ha disputado el primer puesto con Cataluña y Baleares como destino vacacional. Ha sido tal su éxito que no hemos sabido gestionarlo con moderación y sufrimos ahora cierto empacho. Pero el dato está ahí, para recordarnos que ni la lejanía ni la insularidad son obstáculos para ganarnos un lugar en el mundo.
La isla ya tiene problemas con otros como los residuos peligrosos, como el amianto, para los que no existe una empresa autorizada y que requiere de protocolos de seguridad específicos. Ahora se suman también el textil. La Fundación Isonorte dejará de recoger la ropa usada retirando los sesenta contenedores blancos distribuidos por la isla y en los que la población dejaba todo tipo de prendas.
Esta recogida suma doscientas toneladas al año, sin embargo, una parte importante de esa ropa no tiene valor comercial, por lo que es desechada. Esto, según explica Eduardo Calderón, responsable de Isonorte, supone un coste a la Fundación de más de cinco mil euros mensuales, algo inasumible para una organizació
Más de doscientas toneladas de residuos textiles. Esta cantidad corresponde exclusivamente a la ropa que se ha venido depositando en los contenedores blancos y que gestiona la Fundación Isonorte, que trabaja con personas en riesgo de exclusión. La ropa, una vez seleccionada y tratada, se pone a la venta en las tiendas de segunda mano generando diez puestos de trabajo. Sin embargo, este sistema ha tocado a su fin. Desde la Fundación Isonorte han anunciado la retirada de estos contenedores y la gestión puerta a puerta respondiendo a las llamadas de particulares. Esto supondrá que se gestionarán solo unas diez toneladas quedando ciento noventa toneladas sin un destino específico y sin un lugar para el tratamiento de residuos textiles.
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