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Habría que remontarse a mediados del siglo XIX para encontrar las primeras compañías de circo que, de camino en sus giras entre Europa y América, paraban en La Palma para ensayar sus números. De ahí nacieron las primeras compañías amateur que trataban de emular esos números para convertirse en lo que hoy conocemos como la Danza de los Acróbatas.
Por primera vez más mujeres que hombres. A ellos hubo que buscarlos en gimnasios. Tras diez años sin Fiestas Lustrales, muchos participantes de la Danza de los Acróbatas no tenian memoria del número, para ello se ofrecieron charlas en los centros educativos. El resultado es un arco de edad de los 10 a los 40 años, asignando un adulto como acompañante de las más pequeñas a lo largo de las diferentes funciones. María Isabel González ‘Guti’ coordina las generaciones anteriores con las que llegan en uno de los números con más historia de las Fiestas Lustrales
Foto: web bajadadelavirgen.com
Para Alfonso Montesdeoca, director de la Reserva de la Biosfera y uno de los buzos más veteranos de la isla, las esculturas son valiosas aunque no se vean, porque lo invisible también tiene valor. "El valor es un concepto engañoso. El oro y los diamantes, por ejemplo, son químicamente inertes, no alimentan, no oxigenan, no regeneran la vida, pero les atribuimos un valor inmenso. En cambio, el agua de mar, los arrecife, los fondos marinos sostienen literalmente el equilibrio del planeta. Sin embargo, en nuestra economía tienen poco o ningún precio. Nuestros fondos submarinos son un tesoro que muchos no conocen", explica.
El atleta Jesús Cossa tuvo que hacer más de sesenta inmersiones en el Océano hasta dar con ellas hace algo más de un año. Las esculturas fueron hundidas en 2014 como un homenaje a los Enanos de la Bajada de la Virgen de las Nieves, un número teatral popular que conmueve a propios y extraños. No obstante, muchas han desaparecido y otras son casi imposibles de encontrar. Jesús intentó llegar a ellos hasta en tres ocasiones junto a su compañero, y no fue nada fácil. "Nos tropezamos con ellos en medio del arenal, se me pusieron los pelos de punta", cuenta el buzo. "Fue bastante difícil, no están en un sitio fácil para llegar, ni tampoco hay referencias en el fondo que permitan localizarlos. También hay tráfico de embarcaciones, de hecho, tuvimos problemas con algunos barcos", añade.
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