Román Muñoz es un maestro del tenis, pero también -y sobre todo- un maestro de la vida. Así lo confirman sus numerosos alumnos, convertidos ya en hijos adoptivos. Quienes le conocen como Chus -o Papachus, un padre para todos- saben bien que en Román tienen un compañero leal y generoso para toda la vida. Acaba de recibir el reconocimiento de Los Llanos de Aridane por una trayectoria impecable en el mundo del tenis. Con motivo de este homenaje, algunos de sus mejores amigos y compañeros de viaje lo describen como un deportista nato y un amante del tenis por encima de todo. Vitalista, sí, pero también un hombre que conoce los duros resortes del esfuerzo y la disciplina. Gracias a ello ha llegado tan lejos, cosechando el cariño de todos.