Hay una imagen que resume la contradicción: una casa hermosa en la calle Real que se cae a pedazos mientras, a pocos metros, se discute cómo custodiar una obra de César Manrique. La escena no es anecdótica, es síntoma. “¿Cómo van a valorar un museo si no valoran lo que tienen enfrente de su casa?”, se lamenta la escritora Elsa López. Su reflexión no es solo urbanística, sino cultural: habla de una relación frágil, a veces distante, entre la ciudadanía y su patrimonio.