Ya sea con el propósito de esparcir polen o semillas o con
la finalidad de comer insectos o de defenderse de ataque externos, las plantas
pueden ser capaces de ejecutar movimientos más rápidos que los de un parpadeo,
a pesar de la percepción social que tenemos de ellas como seres aparentemente
estáticos. A la cabeza, la morera blanca (morus alva), que proyecta polen a una
velocidad próxima a los 560 kilómetros por hora. Se trata de algunos de los
datos más llamativos de un interesante estudio realizado por el catedrático de
Fisiología Vegetal de la Universidad de León José Luis Acebes y del
investigador post doctoral Carlos Frey y del cual hablamos esta semana en
nuestro espacio "León, hacia rutas salvajes", con Manu González.