Hay muchas formas de disfrutar del Resurrection Fest, pero pocas tan singulares como la de esta pandilla de amigos de Lugo que, generación tras generación, ha convertido el festival de Viveiro en una cita ineludible. Lo suyo no es el camping ni las largas estancias junto al recinto: van, disfrutan de los conciertos, regresan a casa, trabajan al día siguiente y vuelven a repetir. Una rutina que ya forma parte de su particular inicio de verano.