Job es probado en la fe con sus bienes y con su salud.
Job es sometido a duras pruebas que ponen a prueba su fe: en un solo día pierde sus bienes, sus criados y sus hijos. Sin embargo, pese al dolor, reconoce la soberanía de Dios y le bendice, sin pecar ni con palabras ni pensamientos. Luego Satán obtiene permiso para afligir su cuerpo con una úlcera maligna, dejándolo en la ruina y el sufrimiento más profundo. Incluso su esposa lo insta a renegar de Dios, pero Job responde con sabiduría que si se aceptan los bienes de Dios, también deben aceptarse los males. Su actitud revela una fe pura y desinteresada, una confianza absoluta en la voluntad divina y una paciencia ejemplar ante la adversidad.