La paciencia: San Pablo, en la carta a los Gálatas, nos recuerda que el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz… y también paciencia. No la paciencia entendida como aguantar por aguantar, sino como una actitud interior que nace de la confianza en Dios.
Vivimos en la cultura de lo inmediato. Todo lo queremos ya. Resultados rápidos, soluciones rápidas, respuestas inmediatas. Y cuando algo se retrasa, nos irritamos. Pero san Pablo nos dice algo muy distinto:
«La tribulación produce paciencia; la paciencia, virtud probada; y la virtud probada, esperanza» (Rm 5,3-4).