"Eran dos las clases de hombres con los que el Salvador se relacionó durante su vida terrena: pobres y sencillos, y pecadores arrepentidos. Eran dos clases de hombres con los que más duramente luchó. Escribas y fariseos; es decir, precisamente los soberbios de saber y de virtudes, que se engrían de la presunta posesión de la justicia. Las riquezas en las que confían y en las que dan valor eterno, de modo que creen estar seguros del cielo y ya no tienen a Dios. Por tanto, son su recompensa. Hacen lo que la tradición tiene por bueno y justo, y desprecia a quienes se comportan de otro modo. Jesús designó su imagen con implacable dureza. Oran y ayunan para ser vistos por la gente. En ellos no encuentran la Gracia entrada", Santa Teresa Benedicta de la Cruz.