La alegría como fruto de soltar lo que no podemos cambiar
Muchas veces sufrimos porque queremos controlar todo:
lo que sentimos,
lo que otros piensan,
lo que aún no ha ocurrido.
Y el Señor, con suavidad, nos dice:
“Hijo… no te corresponde a ti llevarlo todo.
Déjame ayudarte.”
La alegría aparece cuando reconocemos nuestros límites y dejamos espacio a Dios.
Hay un momento precioso en la vida espiritual cuando uno descubre que no necesita tener todas las respuestas para vivir en paz.
Basta con saber Quién camina a nuestro lado.