En esta última charla cuaresmal, el P. Francesco Voltaggio reflexiona sobre el misterio de Cristo como “el herido que hiere”, mostrando cómo sus llagas son fuente de curación y salvación para la humanidad. A partir de la primera carta de Pedro, explica que las heridas de Cristo cumplen la ley antigua, grabándola no en piedra, sino en su cuerpo y en el corazón humano por el Espíritu. El P. Voltaggio relaciona esta enseñanza con la historia de los discípulos de Emaús, a quienes Jesús sana mostrando sus llagas al partir el pan, signo del Amor que transforma el sufrimiento. Las heridas no deben borrarse sino transfigurarse, pues sólo el herido puede sanar a otros con compasión auténtica. En Cristo, el dolor adquiere sentido y finalidad salvífica: las llagas se convierten en puertas hacia Dios y en símbolos de misericordia divina. Finalmente, citando a San Bernardo, el P. Francesco Voltaggio nos invita a habitar espiritualmente en las llagas del Salvador, fuente de paz, misericordia y conversión durante la Cuaresma.