VOLUNTAD DE DIOS (II)
[136] - De repente mi alma se sumergió en el Señor y dije: - Haz conmigo lo que Te agrade, me someto a Tu voluntad. Desde hoy Tu Santa voluntad es mi alimento.
Súbitamente, cuando Faustina acepta este sacrificio con la voluntad y el corazón, la presencia de Dios la traspasa totalmente