La rutina del día puede ser, para cualquiera, una alegrías o tristezas. Eso depende en gran parte de nosotros. No cuesta nada pensar en las pequeñas alegrías cotidianas de Nuestra Señora: su convivencia amable con Jesús y José, el cuidado de su Hijo, el encanto con el hijo que crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres (Lc 2,52).Con su ejemplo, María nos dice: “en la sencillez de tu labor ordinaria, en los detalles monótonos de cada día, has de descubrir el secreto para tantos escondido de la grandeza y de la novedad: el Amor”.