Jesús encuentra a un ciego de nacimiento y explica que no pecó él ni sus padres: nació así para que se manifestaran las obras de Dios. Declara “yo soy la luz del mundo”, hace lodo con saliva, se lo pone en los ojos y lo envía a lavarse en Siloé. El hombre regresa viendo. Los fariseos lo interrogan, lo presionan y finalmente lo expulsan por confesar su fe en Jesús. Jesús lo busca, le revela que es el Hijo del hombre y el ciego cree y lo adora. El Señor concluye que ha venido para que los ciegos vean y los que creen ver queden ciegos, invitando a abrir los ojos de la fe.