Jesús narra la parábola del juez injusto para enseñar la necesidad de orar siempre sin desfallecer. Un juez sin temor a Dios ni respeto por los hombres ignora a una viuda que insistentemente pide justicia contra su adversario. Finalmente, cede no por bondad, sino por evitar molestias. Jesús contrasta: si un juez corrupto responde a la persistencia, cuánto más Dios, que ama a sus elegidos, les hará justicia rápidamente cuando clamen día y noche. Sin embargo, cuestiona si, al regresar el Hijo del hombre, encontrará fe en la tierra. El mensaje invita a una oración constante, confiada y perseverante, sustentada en la certeza de la justicia divina.