Jesús narra la parábola de un administrador astuto que, ante el despido inminente por malversación, reduce las deudas de los acreedores de su amo para asegurarse aliados futuros. El amo elogia su ingenio, destacando cómo los hijos de este mundo son más sagaces en sus asuntos que los de la luz. Invita a usar las riquezas injustas para ganar amigos eternos, enfatizando la fidelidad en lo pequeño como prueba para lo grande. Culmina advirtiendo que no se puede servir a dos señores: Dios y el dinero, exigiendo una elección clara en la administración de los bienes.