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Sabrina Trillos y su esposo decidieron emigrar en 2011 y lo hicieron a la romántica París. Estando allí, quisieron ganarse la vida fabricando chocolate artesanal, algunos de ellos al estilo venezolano.
Cuando Jean Pierre Franco decidió emigrar junto a su familia, escogieron Cancún como destino. No los dejaron entrar a México y tuvieron que irse a Panamá donde todo fluyó, ahora vive en Washington.
Randold Millán conoció muchos hijos de colombianos migrantes en Venezuela. A través de la televisión, conoció su cultura y tradiciones hasta que decidió emigrar a Bogotá en 2016, allí se ha encontrado con una tierra que lo ha enamorado.
Jorge Puerta emigró junto a su familia en 2017. La situación crítica del país lo obligó a tomar un rumbo distinto, primero a Ecuador y luego a Alemania, país donde desarrolla su carrera como tenor, siempre llevando la bandera de Venezuela en su voz.
Uno de los compañeros preferidos de la arepa es el queso. Aunque fuera de nuestras fronteras no es común conseguir un queso venezolano, Dayana Maltese, que emigró a Irlanda en 2005, tiene una quesera llamada “Sabanero Cheese”.
Ximena Montilla emigró en 2003, pero encontró en la arepa ese cordón umbilical que le une con Venezuela. Su proyecto, “Historia de la arepa”, difunde por todo el mundo la cultura gastronómica de ese país donde fue feliz.
Alis Yustiz quería ir a Paraguay y establecerse, pero terminó en la vecina Guyana. Perdió su empleo por la pandemia, pero lejos de caerse, descubrió que podía emprender con los pastelitos y tequeños. Ahora, junto a su familia, tiene un negocio próspero que alimenta la nostalgia de sus compatriotas en Georgetown.
Norianna Gómez aceptó un viaje por un crucero en el que conoció un estadounidense que, sin pensarlo, se convertiría en el hombre de su vida. Emigró en 2009 a Estados Unidos y, también sin pensarlo, tuvo una historia increíble de empatía con una celebridad del baloncesto, Shaquille O’Neil.
Una propuesta para irse a un país donde el béisbol no es tan conocido fue un reto que aceptó Jesús Cartagena. El nativo de Higuerote aprovechó la oportunidad para ofrecer sus conocimientos en ese país.
Moisés Dorta vio cómo, en 2017, la crisis del país tocó su economía familiar, por lo que decidió emigrar. Primero se fue a España. Luego de movió a Portugal y, cuando pensaba regresar a Venezuela, fue a Bélgica y allí consiguió la tranquilidad que andaba buscando.
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