En un mundo tan corrompido por la carrera armamentista y las guerras, las desigualdades, la constante amenaza de una catástrofe nuclear y demás conflictos sociopolíticos, y donde la resolución de las disyuntivas inutiliza el diálogo e insta a la violencia, la paz, más que una inalcanzable quimera, deviene esencial anhelo y aliciente para construir una mejor sociedad.
Insistía el Comandante, cuando fue laureado con el Premio Lenin de la Paz en 1962, que «La lucha por la paz significa luchar por salvar a la Humanidad de una destrucción apocalíptica, por salvar cientos de millones de vidas de hombres, mujeres, jóvenes, ancianos y niños».