En una nueva columna de Mario Trecek nos trajo dos libros, "Dos veces Junio" del escritor Martin Kohan y también la obra de Andrés Rivera "Hay que matar". Acompañó musicalmente al libro Dos veces Junio el tema de León Gieco Ilumninados por el fuego, y el Bombón Asesino del grupo Los Palmeras al libro de Rivera, Hay que Matar.
La realidad de una época "la dictadura militar de los años setenta en Argentina" encuentra la voz o las voces, incluso los ecos capaces de contarlas sin autocompasion, regodeo ni misericordia. El autor reúne en esta novela los murmullos menos divulgados y curiosamente, aquellos que convocan miedos cervales, y pone en escena una pesadilla. El secreteo, la actividad miserable, mendaz o consoladora de la clase media cuando la represión la obligaba a mantener a toda costa las apariencias. En este libro, Martin Kohan explora una versión clandestina de los hechos que convierte a la ficción en el mejor idioma para contar la verdad.
Texto bisagra en la obra de Andrés Rivera, Hay que matar se publicó por primera vez en 1982. Su estilo conjetural y evasivo, hoy característico, comenzaba a imponerse sobre el realismo de los primeros libros. A partir de entonces, el autor ha ido construyendo una historia de los derrotados, como Juan José Castelli en La revolución es un sueño eterno, los revolucionarios de la Semana Trágica en El profundo Sur o los expatriados de Tierra de exilio. Byron Roberts, hijo del galés Milton Roberts, poblador de unas remotas tierras sureñas con unas pocas ovejas y caballos, venga a su padre, asesinado por tres matones a sueldo de una empresa no sólo dueña de hectáreas, ganado y petróleo, sino también de hombres y voluntades. Venganza privada de repercusiones públicas, su acción quedará sin embargo reducida a un acto de resistencia personal, en el que la esperanza de cambio quedará una vez más en suspenso. Premio Nacional de Literatura en 1992, Andrés Rivera ha compuesto una serie de novelas y relatos en los que la historia argentina, simbolizada en actos heroicos y cobardes, batallas y silencios, crímenes y despojos, cobra un protagonismo elíptico, desplazado. “Estoy convencido de que ningún libro, por bueno que sea, puede cambiar el mundo. Pero tengo que escribir”, ha dicho el autor. En su obra, los lectores advertirán el afán de justicia que trata de enfrentar la violencia administrada por los poderosos.