En el año 2010 la editorial Impedimenta tradujo por primera vez en España PICNIC EN HANGING ROCK, de Joan Lindsay, novela de culto australiana, publicada en 1967 con enorme éxito y que provocaría que el misterio que en ella se relata siguiera intrigando a sus lectores tiempo después de finalizar su lectura. La realización de una película con el mismo título, dirigida por Peter Weir en 1975, aumentaron aún más el interés y reavivaron las dudas de si lo narrado tanto en la novela como en la película había sucedido en realidad o no. En la actualidad la serie recién estrenada en el canal COSMO, basada también en esta novela, puede daros la excusa perfecta para adentraros entre sus inquietantes páginas y conocer esta historia fascinante.
Con motivo de la celebración del día de San Valentín, un luminoso verano del año 1900 en el internado para señoritas de estilo Victoriano, Appleyard, las alumnas y algunas profesoras se preparan para salir de excursión a los pies de la imponente Hanging Rock, montaña de roca volcánica en plena naturaleza australiana. Los preparativos se alternan con la recepción de adornadas tarjetas; las risas saltarinas de las muchachas se agarran a las confidencias que se hacen unas a otras; los guiños de complicidad delatan el anhelo que sienten por estar lejos, durante al menos unas horas, del asfixiante colegio, y la alegría por el goce previamente acariciado en sus jóvenes mentes se cuela entre las muselinas e infinidad de cintas, guantes y sombreros que las protejan del sol. Pero la ilusión antes y durante el viaje y la hermosa vegetación que las recibe no presagian el terrible suceso que van a vivir: tres de las muchachas mayores y una profesora van a desaparecer sin dejar rastro entre las rocas de Hanging Rock. El regreso entre lágrimas de las demás alumnas y la encantadora profesora de francés y danza, ahora devastada por lo sucedido, dejarán consternados a todos los habitantes del internado. Una petrificada figura, de elegante y rígido porte, la directora del colegio, escucha a la entrada la narración de lo sucedido. Los cimientos de lo que tanto le ha costado construir se tambalean con cada palabra. La sombra impenetrable de Hanging Rock se cierne sobre ella. La noticia ya tiene alas y pronto todo el mundo hablará de una maldición en el colegio Appleyard. Tan solo una de las muchachas será encontrada días después magullada y sin recordar lo sucedido. Y tras su vuelta otros nefastos acontecimientos tendrán lugar.
Esta novela es, según me lo parece, una dignísima heredera de “Otra vuelta de tuerca”, de Henry James con la que comparte la ambigüedad de no saberse si estamos ante un hecho sobrenatural o no; el inquietante y a la vez atrayente misterio de los niños y adolescentes, que parecen moverse a la perfección entre la apariencia de candidez y malicia; una atmósfera claustrofóbica, onírica, a veces, y la sensación todo el tiempo de un algo inexplicable y de un algo que se esconde y no se dice, pero que ahí está, sintiéndolo todos. No obstante, la influencia del gran escritor inglés no impide que tenga sus propias cualidades que la hacen destacar como una novela única. El acierto de narrar de un modo que todo el tiempo sientes que lo que se nos cuenta sucedió realmente y que puede sucedernos a nosotros; la sensación de que algo inconfesable esconden sus personajes; las descripciones de la naturaleza donde traslada la sensación de peligro a plena luz del día fuera de la mansión victoriana; unos personajes que fascinan desde el principio, sobre todo las niñas desaparecidas, la figura de una de ellas, Miranda, se convierte casi en un fantasma que condiciona la vida del resto: de la muchacha que encuentran, de la huérfana Sara, del joven Michael Fitzhubert, que apenas la ve un instante poco antes de desaparecer y ya no podrá olvidarla, y de la directora. La sensualidad reconocible que se impregna en la piel al leerla también es otra de sus cualidades, encarnada en las muchachas mayores y en la profesora de francés. Pero sobre todo es el acierto de resaltar que el peligro es algo invisible, pero presente todo el tiempo, que comenzó mucho tiempo atrás y que desde Hanging Rock extiende sus tentáculos para acabar con los restos de un tiempo pasado. Cito de la novela:
El colegio Appleyard era, ya en el año 1900, todo un anacronismo arquitectónico en medio de la abrupta maleza australiana. Un lugar incongruente, sin esperanza, propio de otra época y de otro continente.
Ante las dudas que surgen siempre sobre si lo narrado sucedió en verdad, deciros que Hanging Rock es un lugar real, muy turístico tras el éxito de la novela y sobre el que ya antes circulaban leyendas provenientes de los aborígenes que habitaron la zona hasta que fueron expulsados a mediados del siglo XIX. La autora se basaría en su experiencia como docente en una escuela de jóvenes en la misma vecindad y, aunque declararía que al parecer lo narrado en la novela fue producto de un sueño, la incertidumbre continúa a día de hoy.
PICNIC EN HANGING ROCK, es una lectura excelente para el verano. De calidad literaria, con un misterio que traspasa las tapas de la propia novela y con una atmósfera de decadente corrección decimonónica, cercada por lo salvaje de la naturaleza australiana.
No olvidar que dejar pasar la oportunidad de leer un libro es siempre jugar a perder y que leer o no, no es una elección, sino una hermosa necesidad.
Ana Martínez García