Fue en el primer sábado del mes gostoso que lo fríamente calculado se puso a rodar, como historias de carretera que Charlie puede no tener para compartir, contar o recordar.
Si pudiera ir para atrás, si voy de regreso, me encuentro no con una, sino con varias de las que son simples.
Como el nombre completo, la hora, sanatorio o hospital en el que está delante de los ojos, dice la verdad y no miente.
Que si fueron aves de paso en Mad, me desentiendo de RID, unos días después de aterrizar en una tierra distinta.
A la de espárragos con salsa golf.
A qué persona Parmesana se le puede ocurrir semejante cosa?
Pudo haber sido la hija de Pedro, que no le copia todo a su amiga Cecilia.
La visita es esperada, y digo coordinar, por más que eso con C me gusta menos que columnas en el aire.
Castillos de arena, no se pueden hacer. Que nadie vaya a cambiar los planes para cuando Cecilia se despierte.
De dulces sueños de la noche anterior, dormí poco en el Vivaldi. La perdición de la pantallas, y la salvación del aire que se respira en Viva la radio y las puertas del aire abiertas, para que las visitas esperadas de visita, pido perdón a la V de till Victory de Patti Smith, vengan. Porque los discos que giran son para los que aman verlos girar.
Fue Pedro not the Lion, el papá de Matilde que los trajo a los que giran hasta el segundo piso del Victoria Plaza Ofiice Radio Tower, pero no solo los discos fue que trajo; la mamá de Matilde tocaya de la amiga que invitó a su hija al programa de un galgo donde el invitado era el primero y todas las que vinieron después con la madre de Matilde, estuvieron en el aire de radiomundo sin previo aviso de nada más que para hacer los discos girar tarde o temprano después de, no me olvide la letra de Shakira, prefiero no verte super Mario Bros y no escucho más a Charly con la griega al final.
Los espárragos de Charlie vinieron nada más que después de haber visto la oscuridad de uno que tiene más de un nombre distinto al palacio de los hermanos.
Supe que en el cráneo había la mitad de canciones que en uno de esos microondas.
No tengo en mi casa, no me llaman para nada delicioso que tenga que ver con eso tampoco. Y así son cómo van las cosas. Claro que hubiera preferido que la nota de voz se haga canción, pero las cosas pueden ser de esa manera cuando volves a apoyar tu cabeza en un respaldo o escribir una letra en tu celular.
Y feliz va, como el nombre de una película de alta fidelidad ninguna. Donde no hay nada que absolutamente tenga algo que ver con un gran chico o un mal dibujado niño que haya participado. Salvo la parte del final cuando no hay pelota de las maravillas que cante, solo el recuerdo de una canción donde uno prendido fuego saluda a otro y le dice cómo hubiera realmente deseado que hubiera estado acá.
Gracias de galgo por venir.
Hasta que se haga domingo otra vez. Es cuando cae la noche, después de los penales que pueden estar en un clásico loco. 22 penales y a las 6 en punto nos encontramos. No Errandonea a la hora señalada. Pudo haber sido una hora espejo, no hay efectos especiales después de las seis de la tarde. No hay manera de encontrar un transporte del otro lado del charco, atienda las tiendas de instrumentos que se afinan y suenan bien cuando te das cuenta que tarde o temprano vas a cantar. Las cosas de la vida real que son parecidas a las de Joan as a Police Woman un tiempo atrás, y un poco mas adelante las canta círculo con los nuevos de la bohemia que tiraban gomas elásticas al cielo, mientras tanto ella dice, dale, creo que puedo seguir en este viaje que es menos largo que cruzar el puente en ruedas de una flecha donde un amigo con la J de Juan puede haber producido mis largos y deseados discos. No hay truchas, tampoco pesadillas. Sábanas no falsas, a Martin llévenle la canción mía y que haga lo suyo.