Gracias al galgo es viernes de canto rodado, pasó eso que iba a pasar tarde o temprano. Puede haber pensado en eso mismo Alberto, la vez que caía más rápido que una manzana de los oh cielos. No hay botón que tocar que te salve. Rosario siempre estuvo cerca y el pavimento en la linda no quiero saberlo. Ese contrato sin firmar nadie lo tiene. El gran maestro no puede con el destino. El olvido es la última tumba fue el título de un libro que publicó un hombre de radio, cuando yo era joven. Ese puesto de redactor de textos, nunca va a ser suyo. Por suerte en las vísperas de un santo casi irlandes, nadie lo quiere y un man the Van, canta cosas como que todos trabajan y nadie juega. Me pregunto si era necesario que el galgo se fue a enredar con su propia cola, o subirse a un camión que se lleva la feria de los viernes de la calle Guaraní, mirar a la escollera, para decir lo que todos los viernes dice, y una sola cosa más (maybe 2), siempre que llovió paró.