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Entrenar desde tan joven y sostener durante más de tres décadas una vocación habla de alguien que entiende el trabajo como un camino, no como una meta rápida. Aquí no hay atajos: hay aprendizaje continuo, adaptación, caídas duras y la serenidad de volver a levantarse. La experiencia en todos los niveles, desde la base hasta la élite, construye una mirada amplia, de las que saben que ningún resultado llega sin proceso y que el verdadero crecimiento ocurre cuando se respetan los tiempos.
El deporte, como la empresa y como la vida, es una escuela de valores cuando esos valores se viven y no solo se nombran. Esfuerzo, constancia y sacrificio no son palabras vacías si se explican, se entrenan y se sostienen en el día a día. Los sueños necesitan estructura, objetivos claros y tareas concretas; sin eso, se quedan en promesas. Entender que el camino importa más que el destino es una lección que cuesta aceptar, pero es la única que transforma de verdad a las personas y a los equipos.
Formar personas antes que resultados exige paciencia y coherencia. Acompañar a jóvenes que lo tienen todo más fácil que generaciones anteriores implica poner retos, marcar límites y demostrar, con hechos, que el proceso funciona. No todos lo compran, pero cuando alguien lo hace, el impacto es profundo. Ahí aparece el liderazgo real: el que no impone desde el poder, sino que convence desde el ejemplo y la implicación.
Ser entrenador, como ser líder o formador, es asumir un rol parecido al de un maestro. No se trata de hablar más, sino de crear contextos donde otros aprendan, se equivoquen y mejoren. La cercanía, la exigencia justa y el respeto construyen confianza. Cuando alguien siente que puede fallar sin ser castigado, pero que se le exige compromiso, el aprendizaje se acelera y el grupo crece de forma sana y sostenible.
Hoy, con todos nosotros, Rafael González
Si quieres hablar con nosotros, escríbenos en https://tatxe.org/contactar
By Jose SalgadoEntrenar desde tan joven y sostener durante más de tres décadas una vocación habla de alguien que entiende el trabajo como un camino, no como una meta rápida. Aquí no hay atajos: hay aprendizaje continuo, adaptación, caídas duras y la serenidad de volver a levantarse. La experiencia en todos los niveles, desde la base hasta la élite, construye una mirada amplia, de las que saben que ningún resultado llega sin proceso y que el verdadero crecimiento ocurre cuando se respetan los tiempos.
El deporte, como la empresa y como la vida, es una escuela de valores cuando esos valores se viven y no solo se nombran. Esfuerzo, constancia y sacrificio no son palabras vacías si se explican, se entrenan y se sostienen en el día a día. Los sueños necesitan estructura, objetivos claros y tareas concretas; sin eso, se quedan en promesas. Entender que el camino importa más que el destino es una lección que cuesta aceptar, pero es la única que transforma de verdad a las personas y a los equipos.
Formar personas antes que resultados exige paciencia y coherencia. Acompañar a jóvenes que lo tienen todo más fácil que generaciones anteriores implica poner retos, marcar límites y demostrar, con hechos, que el proceso funciona. No todos lo compran, pero cuando alguien lo hace, el impacto es profundo. Ahí aparece el liderazgo real: el que no impone desde el poder, sino que convence desde el ejemplo y la implicación.
Ser entrenador, como ser líder o formador, es asumir un rol parecido al de un maestro. No se trata de hablar más, sino de crear contextos donde otros aprendan, se equivoquen y mejoren. La cercanía, la exigencia justa y el respeto construyen confianza. Cuando alguien siente que puede fallar sin ser castigado, pero que se le exige compromiso, el aprendizaje se acelera y el grupo crece de forma sana y sostenible.
Hoy, con todos nosotros, Rafael González
Si quieres hablar con nosotros, escríbenos en https://tatxe.org/contactar

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