Un hombre que dedicó su vida a imaginar el futuro se aferró, con cada fibra de su ser, a la textura de un pasado que nunca existió. Su obra no fue una advertencia sobre lo que vendrá, sino un inventario urgente de lo que ya se nos escapa de las manos. Con una máquina de escribir alquilada, unió la precariedad, la velocidad, la memoria y la fe en que el acto privado de contar una historia puede justificar una vida entera.