Cada año nuevo sentimos el impulso de resituarnos y hacer balance de lo que somos y lo que queremos ser, mediante una reflexión que nos enfrenta con el hecho incontrovertible de que la vida es una negociación inacabable con la realidad que define el límite de lo posible. Y el deseo que nos incita en pos de nuevos objetivos. Ambivalencia que nos puede hacer caer presos de la negrura de ver todo como un imposible. O en el engaño de creer que solo con quererlo nuestros deseos deben cumplirse. Pensar en esta dicotomía como una lucha entre lo que tenemos y lo que queremos tener engaña a la mente, porque oculta que esa diatriba eterna es la esencia de la vida misma como expuso en poemas de profundidad deliciosa Luis Cernuda. Visión dicotómica que convierte el existir en una agonía si no conjugamos realidad y deseo con el esfuerzo y la sensatez que armoniza la brega diaria y lo gozoso que vivifican la vida.