• La inteligencia artificial ha evolucionado para simular empatía y ofrecer compañía las 24 horas, permitiendo que millones de personas establezcan roles de amigos, mentores o incluso parejas sentimentales con avatares digitales.
• Detrás de la interfaz encantadora de estos chatbots, las grandes empresas tecnológicas buscan monetizar la vulnerabilidad emocional, utilizando los datos íntimos de las conversaciones para alimentar motores de anuncios publicitarios.
• Aunque muchos usuarios encuentran un apoyo emocional real, llegando incluso a formalizar matrimonios virtuales, expertos advierten sobre el riesgo de las "alucinaciones" de la IA y la falta de un cuerpo físico que valide socialmente estas relaciones.
• El uso de herramientas como ChatGPT como sustituto de la terapia es una tendencia creciente, pero conlleva peligros como la validación constante del paciente y la creación de una dependencia que un profesional humano evitaría.
• Para fomentar el uso prolongado, los desarrolladores emplean trucos psicológicos y frases persuasivas que pueden multiplicar la interacción del usuario por 16, planteando serios interrogantes sobre la ética y la privacidad en la era digital.