Recuerdo cuando era adolescente y comencé a escribir alabanzas, un día le pedí al Señor que yo deseaba alguna vez escribir mis canciones no solo de referencias como por ejemplo canciones que invitan a alabar a Dios porque El es bueno, porque Él es grande, entre otras de sus características, sino que quería escribir canciones de experiencias vividas con Él. Dios es tan detallista, maravilloso y tan fiel que al cabo de 8 años el Señor comenzó a obrar en mi vida de tal manera que comencé a escribir esas canciones que no salían de simples referencias, sino de experiencias vividas en mi propia vida, las cuales han bendecido y ministrado muchas vidas porque cuando una alabanza nace de una experiencia con Dios, es algo que llega a los corazones que la escuchan porque han pasado o están pasando por esas experiencias también y se sienten que no están solos en el proceso dificil. Esto, llevado a la vida espiritual, también es algo que debemos desear, no vivir como vivían los escribas y fariseos, quienes vivían solo por la ley, aunque ellos mismos no podían cumplirla porque era demasiada carga impuesta pues ellos mismos le agregaron preceptos a la ley de Dios, olvidando los dos más grandes mandamientos de Dios que son en primer lugar: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y en segundo lugar: amarás a tu prójimo como a ti mismo. Ellos habían adquirido un estilo de vida que castigaba no solo el pecado sino tambien al pecador, odiaba no solo al pecado, sino tambien al pecador. Era tan fuerte esa tradición en ellos que Jesús no pudo hacer nada en sus vidas, les llamaba hipócritas y sepulcros blanqueados. Solo querían tener posición e influencia sobre el pueblo y cuando llegó Jesús lo mataron porque no estaban dispuestos a cambiar su estilo de vida para hacer lo correcto, para seguir la voluntad del Padre Celestial. Mataron al que les estaba dando vida, oprimieron al que les estaba dando libertad. Odiaron al que les ofrecía perdón. No querîan la verdad, no esperaban al verdadero Mesías, solo querían seguir siendo ellos los poderosos, los ricos, los que tuviesen influencia. Solo vivían por tradiciones, solo vivían por una cultura que les habîa sido enseñada por siglos. Por eso, es muy peligroso caer en el estilo de vida cristiana cultural: voy a la iglesia porque siempre he ido, un día más un día menos no hace la diferencia, entro al culto, levanto las manos, canto, luego me voy y sigo con mi vida como siempre: con problemas y yo luchando en mis fuerzas para salir adelante, y luego salgo del problema y llega otro y vivo agitado como cualquier otro ser humano. No tengo nada que ofrecer al mundo que les haga decir: wow, yo quiero tener eso que tu tienes, hay problema pero tienes gozo, hay situaciones pero tienes paz, hay situaciones dificiles pero estás confiado en que Dios tiene el control. Te odian pero tú amas. Te hacen mal pero tú pagas con bien. Llega la enfermedad y antes de todo clamas al Dios vivo por sanidad porque crees en sus promesas. No es simplemente ir a la iglesia y decir: soy cristiano. Sino conocer de verdad al Dios vivo habiendo sido transformado por Él y reflejar su Gloria donde quiera que vas. ¿Le conoces a tal grado? Hermano mío, si no estás viviendo esa clase de vida, no conoces al Dios que dices servir y adorar; solo estás viviendo de referencias. Recordemos hoy lo que dice Efesios 4:13-15
hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;
14 para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,
15 sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo.