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A través de nuestro bautismo podemos recordar quiénes somos y así ser renovados en el amor de Dios, que está con nosotros a través de su Espíritu Santo.
Como comunidad de Cristo en nuestras iglesias locales, buscamos ayudar a las personas en la iglesia a crecer en amor santo, por Dios y por los demás para que podamos llevar a los que nos rodean a una relación próspera con en Señor.
¿Para qué estoy aquí? El apóstol Pablo respondería esa pregunta rápida y concretamente: Estoy aquí para anunciar la Palabra de Dios.
A medida que nos involucramos en nuestro mundo, las heridas de Cristo se hacen evidentes en su iglesia. ¿Acaso estamos llamados a sentirnos gozosos? Sí, porque estamos viviendo en el camino de Jesús.
Estamos llamados a salir, respaldados por el evangelio, a hacer todo en el nombre de Cristo por el bien de las personas en el mundo.
Como discípulos, somos llamados a ser un modelo de la gracia y del santo amor de Dios, a medida que trabajamos para involucrar a otros en nuestro trabajo de hacer discípulos.
Como seguidores de Cristo, por gracia, fuimos aprobados por Dios para unirnos a esta tarea inconclusa de proclamar el evangelio. Al igual que Pablo, tenemos el desafío de concentrar nuestra vida a esta única tarea, que es agradable de realizar.
¿Alguna vez te has parado a pensar en lo que se siente vivir en la abundante bondad de Dios? La bondad de Dios no es solo algo que podamos coleccionar y admirar. La bondad de Dios está destinada a ser experimentada.
Romanos 12:1 nos instruye a ser "sacrificios vivos". Eso significa que nuestras ofrendas deben ser lo mejor de la cosecha.
Reflejar a Cristo es un gran llamado, pero si nos mantenemos cerca de Cristo, se mostrará en nuestra vida.
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