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Nuestra respuesta de servicio fiel y amoroso a Dios no es solo un acto de agradecimiento a Dios, sino también un acto de amor a nuestro prójimo.
Hoy, y todos los días, es un buen momento para abrir el regalo de Dios y compartirlo con los demás.
¿Te has sentido alguna vez como Pablo, completamente indigno de la gracia de Dios?
Nuestra realidad solo está en Cristo y los límites solo Él los crea. No nos dejemos distraer por los caminos del mundo ni juzguemos a los demás.
Que cada celebración navideña y tradición festiva sea un acto de adoración y servicio a Aquel por quien vivimos.
Al rasgar el fino velo que separa el cielo de la tierra, con el nacimiento de Cristo, Dios inaugura una revolución divina de amor y paz que convierte en vanidad los mayores esfuerzos del mal.
Por eso nos empeñamos en agradarle, ya sea que vivamos en nuestro cuerpo o que lo hayamos dejado. 2 Corintios 5:9.
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